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Cómo continuar en el piso de alquiler en caso de sentencia de divorcio

En una sociedad en la que el alquiler es una opción más común que la propiedad hay muchas parejas que suscriben contratos de arrendamiento en los que únicamente uno de ellos consta como titular. Esto se suele hacer por simple comodidad y sin esperar que en un futuro la relación pueda romperse. 

Para la ley, proteger el derecho a la vivienda después de una sentencia de divorcio es fundamental, y asemejar el arrendamiento a la propiedad dotándolo de estabilidad y protección es el objetivo principal.

Es por ello por lo que nacen los artículos 15 y 16 de la Ley de Arrendamientos Urbanos. El artículo 15 es el que nos interesa para el presente caso y el artículo 16 contempla la subrogación, pero en casos de fallecimiento. 

El artículo 15 recoge la subrogación para escenarios de separación, divorcio y nulidad del matrimonio (esto es importante cuando ha habido violencia de género y se constituye una custodia monoparental tras una sentencia de divorcio con hijos). 

Para estas situaciones prevé que al cónyuge al que se atribuya el uso de la vivienda, como en este caso no es en propiedad, sino arrendada, podrá continuar con dicho uso, es decir, subrogarse en el contrato de alquiler suscrito. 

Cuando ambos figuran en el contrato es tan sencillo como eliminar a uno de ellos, pero si el cónyuge al que no se atribuye el uso de la vivienda es el que precisamente no figura en el contrato se ha de subrogar en la posición del otro y la situación puede generar conflictos después de la sentencia de divorcio

El artículo 15 establece literalmente que: 

“El cónyuge a quien se haya atribuido el uso de la vivienda arrendada de forma permanente o en un plazo superior al plazo que reste por cumplir del contrato de arrendamiento, pasará a ser el titular del contrato.” 

La parte conflictiva del artículo se encuentra en el segundo apartado, que dice:

“La voluntad del cónyuge de continuar en el uso de la vivienda deberá ser comunicada al arrendador en el plazo de dos meses desde que fue notificada la resolución judicial correspondiente, acompañando copia de dicha resolución judicial o de la parte de la misma que afecte al uso de la vivienda.”

Decimos que se trata de una parte conflictiva porque, a la práctica ha generado mucho debate sobre sus matrices y ha generado mucha jurisprudencia. 

El primer punto de controversia reside en que la ley establece como responsable de realizar la comunicación al propietario al “cónyuge a quien se haya atribuido el uso de la vivienda” después de la sentencia de divorcio, por lo tanto, el que abandona la vivienda, por mucho que fuere el titular, la ley no le atribuye ninguna obligación de comunicación. El que ha de comunicar la situación al arrendador es el cónyuge no arrendatario. 

El problema de que no se realice la comunicación al propietario es que el titular formal del contrato no coincide con la persona que está habitando el inmueble, por lo que el responsable de los incumplimientos (por ejemplo, impagos) es una persona que ya no vive en la vivienda y la persona que vive en la vivienda está en ella en precario porque su nombre no figura en ningún contrato. 

Es por ello por lo que se aconseja que, aunque no se tenga la obligación legal, para evitar ser requeridos como parte contractual, si somos los titulares del contrato de arrendamiento y no se nos ha atribuido el uso de la vivienda enviar un comunicado al arrendador explicando la nueva situación es muy recomendable. Esta comunicación debe realizarse cuando se hayan arreglado los papeles del divorcio y haya recaído Sentencia.

 

Por otro lado es importante destacar que el precepto legal exige además que la atribución de la vivienda haya sido legal, no por pacto entre las partes y que el plazo de atribución de la vivienda sea superior al que resta por cumplir del contrato. 

 

Finalmente, en el peor de los casos cabe mencionar que la Ley de Enjuiciamiento Civil, en su artículo 447 apartado segundo establece que: 

“No producirán efectos de cosa juzgada las sentencias que pongan fin a los juicios verbales sobre tutela sumaria de la posesión ni las que decidan sobre la pretensión de desahucio o recuperación de finca, rústica o urbana, dada en arrendamiento, por impago de la renta o alquiler o por expiración legal o contractual del plazo, y sobre otras pretensiones de tutela que esta Ley califique como sumarias.”

Por lo tanto, ante cualquier problema que surja en este procedimiento de subrogación que nos afecte si somos titulares formales, pero no se nos ha atribuido el uso y la subrogación no se ha realizado correctamente siempre podemos iniciar un nuevo procedimiento defendiendo nuestros derechos. 

 

En conclusión, si no figuramos como arrendatarios, pero se nos atribuye el uso de la vivienda, la Ley de Arrendamientos Urbanos, como parte importante del derecho civil, nos otorga la facultad de preservar nuestro hogar y podremos subrogarnos en el contrato de alquiler como titulares después de arreglar los papeles del divorcio, y si lo somos y dejamos de tener el uso de la vivienda, podemos excluirnos del contrato y quedar liberados de obligaciones y responsabilidades.

En posteriores entradas de nuestro blog trataremos los siguientes temas:

  • Cuánto cuesta un divorcio
  • En qué casos se deniega la custodia compartida
  • Qué es la violencia de género

 

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