Negligencia médica y consentimiento informado

Negligencia médica y consentimiento informado: Doctrina Tribunal Supremo

En 2020, la sección quinta de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo recibió un asunto con el objetivo de establecer un criterio jurisprudencial para determinar si una reclamación de responsabilidad basada en una vulneración de la lex artis (negligencia médica) puede fundamentarse en la ausencia de consentimiento informado. El Tribunal aprovechó la ocasión para remarcar la relación entre el consentimiento informado, sus requisitos y la lex artis.

En pocas palabras, el consentimiento informado es la conformidad libre, voluntaria y consciente de un paciente, manifestada en pleno uso de sus facultades y después de recibir la información adecuada, para someterse a un procedimiento que afecta su salud.

La importancia del consentimiento informado

Un tema de debate de la sentencia se encuentra en que, inicialmente, esta reclamación de responsabilidad patrimonial se produjo sin mencionar nada en específico sobre deficiencias o falta de consentimiento informado, pero posteriormente este debate se introdujo a nivel judicial. Por ello, hay que tener mucho cuidado a la hora de realizar las reclamaciones patrimoniales a la administración porque la pretensión previa en vía administrativa no puede ser esencialmente distinta a la formulada en vía jurisdiccional. Es por esto que desde el primer momento hay que tener claro el hilo argumental que queremos seguir para no incurrir en una desviación procesal. 

Por tanto, cuando se trate de reclamaciones de responsabilidad de la administración, en especial en los casos médicos, se recomienda mirar antes que nada la existencia y cumplimiento de los requisitos del consentimiento informado.

Analizamos el tratamiento del consentimiento informado que realiza el Tribunal Supremo:

El consentimiento informado se debe recoger en una hoja en la que el paciente lee las disposiciones que explican la intervención a realizar de acuerdo con su situación y firma, conforme conoce y está de acuerdo con la intervención médica que se le va a realizar. Además, declara que conoce tanto en qué consiste el procedimiento como los riesgos y recomendaciones que lleva aparejada. Por lo que el consentimiento informado ha de adaptarse a cada situación personal del paciente.  

Pero este documento, a pesar de ser una exigencia formal para los casos de cirugía que se realice por escrito, no es lo más importante. El núcleo del consentimiento informado se encuentra en que el paciente sea informado de forma comprensible y adecuada de sus necesidades y se muestre conforme prestando un consentimiento libre, voluntario y consciente, y lo fundamental para que se cumplan estos requisitos es que el paciente pueda comprender y así valorar libremente la intervención que se le va a realizar, ya que no puede consentir algo que no comprende o que desconoce. 

Es decir, que no basta con disponer de la hoja de consentimiento informado firmada por el paciente, sino que hemos de garantizar que este la firmó comprendiendo lo que en ella estaba dispuesto y todos los aspectos de la intervención que se le iba a realizar. En este mismo sentido la sentencia establece que:

“Es importante esta obligación jurídica del consentimiento informado por escrito previo a una intervención, pero no se puede confundir el carácter del mismo, como un requisito jurídico suficiente, pues hace falta también una actitud adecuada y un contexto ético apropiado. Son las dos caras de una misma moneda: El paciente a intervenir no puede ser considerado un robot sobre el que se va a actuar en un quirófano, sino una persona cuya dignidad y respeto a la autonomía de su voluntad, constituyen principios básicos de una actuación clínica. Y la otra cara de esa misma moneda es el documento escrito firmado, que no puede considerarse su existencia como un instrumento exoneratorio de toda responsabilidad asistencial. Lo realmente transcendente es que el paciente conozca las ventajas y los inconvenientes de la intervención quirúrgica y que tampoco entienda la misma como una actuación que forzosamente ha de concluir con éxito. El paciente no es un robot, pero el facultativo tampoco es un dios, y la ciencia profesional no es, ni siempre ni necesariamente, de resultado exitoso.”

El consentimiento informado y la lex artis

En cuanto a la lex artis y a su vinculación con el consentimiento informado, hay una relación muy estrecha entre ellos pues la lex artis se define como: “El conjunto de reglas técnicas a que ha de ajustarse la actuación de un profesional en el ejercicio de su arte o oficio”. Esto, trasladado al ámbito de la sanidad, incluye informar debidamente al paciente de lo que se le va a realizar y de los riesgos que conlleva. Por lo que podemos considerar que la ausencia de consentimiento informado en los casos médicos constituye una vulneración de la lex artis porque todos los usuarios tienen derecho a la información y es un derecho que no se puede vulnerar. 

La Jurisprudencia de esta misma Sala ha determinado que: 

“Tal vulneración del derecho a un consentimiento informado constituye en sí misma o por sí sola una infracción de la lex artis ad hoc, que lesiona su derecho de autodeterminación al impedirle elegir con conocimiento, y de acuerdo con sus propios intereses y preferencias, entre las diversas opciones vitales que se le presenta.”

En conclusión: el consentimiento informado y la lex artis son dos conceptos que van de la mano, pero no se puede dar por satisfecho el requisito del consentimiento informado con la mera firma de un documento, sino que los profesionales han de cerciorarse de que el paciente comprende y conoce la intervención y todas sus circunstancias. En caso de que esto no se realice correctamente cabe recordar que debemos instarlo desde un primer momento en vía administrativa, porque si lo introducimos posteriormente en la vía contenciosa podemos perder nuestra oportunidad a debatir sobre este asunto, que es argumento de gran peso para demostrar que se ha infringido la lex artis. 

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